miércoles, 2 de noviembre de 2011

Detrás del silencio


Detrás del silencio

Te encontrabas en esa edad en que a cada rato tu comportamiento y tu pensamiento te sorprendían, era como si otro ser, alguien que aún no conocías, quisiera salir a la luz y no encontrara el camino. Sobre todo te sorprendía la rebeldía que había invadido tu corazón y te llevaba a hacer cosas como la que ahora serías incapaz de confesar. En frente del salón, la profesora Vivi, que tanto te quería y a quien tanto habías respetado desde la primaria, preguntaría varias veces quién era responsable de tal falta de respeto, semejante cochinada, mientras a dos manos exhibía un estandarte del colegio usado como papel higiénico y abandonado impunemente en el baño de profesores. Con esto la obra estaba completa, era justo lo que querías, eso se merecía esta sociedad hipócrita y confinante de la que ya no querías ser parte. Sabías que nadie iba a sospechar de ti, por tu disciplina, por tus calificaciones, y mucho menos ella, pero temías que Jesenia te delatara. Sus preciosos ojos grises te miraban con una expresión que no habías conocido, como queriendo decir fuiste tú, yo te vi, fui la única en verte salir de allí. Y sin embargo Vivi se marcharía profiriendo amenazas, espero que quien lo haya hecho tenga los cojones para dar la cara y si no aparece habrá una sanción colectiva.
Aun así esos bellos ojos grises te perseguirían, a cada rato te los encontrabas con esa misma expresión, ese mismo gesto que ya no quería decir lo mismo, algo extraño guardaban, te costaba trabajo entender por qué ahora Jesenia te parecía tan hermosa, por qué nunca antes si siempre habían estado en el mismo curso, y te preguntabas si serías capaz, y si ella sería capaz, de ir más allá. Despertabas de tus cavilaciones sintiendo su mirada y queriendo correr a preguntarle por qué no te había delatado, por qué te seguía mirando así, queriendo descifrar de una vez por todas ese brillo maravilloso de sus ojos, y al mismo tiempo todo esto te asustaba, más que un posible castigo, tu inexperiencia en estas cosas, lo que ella pudiera pensar, sentir, tal vez su rechazo. Entonces terminabas por pensar que esto era doloroso, que la vida era injusta contigo, por qué tenía que ser tan difícil para ti, y entonces crecía tu rebeldía.
En otro tiempo habrías dejado todo al destino o a la divina voluntad, pero ahora, para sorpresa tuya, decidirías actuar. Con temor dejaste en su pupitre el dibujo de un corazoncito con una flecha que unía dos jotas, no sabías qué esperar después de eso, pero pensabas que ya era algo. Mientras transcurrían las clases, observabas ansiosa y prudentemente si Jesenia se percataba de tu dibujo, pero sólo podrías ver su respuesta cuando el salón se había quedado solo, a la hora del descanso. Te parecía increíble encontrar al lado del corazón un “x 100pre”. Al principio incluso pensaste que podía tratarse de una confusión, sí, al poner sólo una jota, en vez de tu nombre completo, habías dejado abierta la posibilidad para esa confusión. Luego pensaste que era una broma, que era obvio que Jesenia no te quería, los destellos en sus ojos significaban otra cosa o eran fingidos. Sin embargo, el encuentro en la biblioteca no te dejaría lugar a dudas. Quedaste con la sensación de que algo más habría debido pasar, todo transcurrió justo a la velocidad necesaria para que nadie se diera cuenta, pero había sido suficiente. Ella solo se quedó viéndote a los ojos, con esa expresión que revolucionaba tu corazón y te dejaba sin palabras, descargó su mano sobre la tuya y dijo no te preocupes… cuenta conmigo. Era como una confirmación, en pocas palabras, de lo que habías estado sintiendo, de lo que ella también había estado sintiendo.
Terminado el descanso, Vivi retronaría preguntando por última vez quién había sido, dándole la oportunidad para confesar, aceptar su culpa evitando peores consecuencias. Al principio el temor se había disipado, si Jesenia estaba contigo no tendrías que temer. Pero poco a poco las palabras de Vivi se fueron introduciendo en tu conciencia hasta intranquilizarte. De cualquiera hubiera podido esperar algo así, menos de esta persona, decía en un tono que evidenciaba una gran decepción. Luego todo fue confusión, ella pronunció tu nombre diciendo que te quería ahora mismo en rectoría. Nadie lo podía creer y menos tú, pensaste que Jesenia se había burlado de ti todo este tiempo y, sin mirarla, saliste del salón. Seguro ahora llamarían a tus padres para ponerlos al tanto de lo que habías hecho, te obligarían a confesarte y te impondrían quién sabe qué tipo de castigos. Nada de eso te importaba, sólo una cosa pasaba por tu mente y te oprimía el corazón: todo lo que había pasado con Jesenia era obra de tu imaginación, ella te había delatado.
Llegarías por fin a la rectoría, y tras de ti Vivi, y tras ella una multitud ávida de chisme. Te preguntarían varias veces por qué lo habías hecho, ¿entiende las consecuencias de sus actos?, y tú permanecerías en silencio mientras las lágrimas bañaban tu rostro. De pronto te percatarías que Jesenia se abría paso en la puerta de la oficina, una vez dentro se abalanzaría sobre ti y, ante la mirada estupefacta de la aglomeración, te abrazaría para consolarte como nadie lo había hecho nunca, estoy aquí, no temas, y tú también te envolverías en ella.
–Señorita Jesenia –diría la madre superiora–. Haga el favor de salir.
–Madre –respondería ella–. No ha sido ella, la culpable soy yo.

Edwin Cruz Rodríguez.

No hay comentarios: