viernes, 4 de noviembre de 2011

EL ANGELITO DE MICAELA


EL ANGELITO DE MICAELA

Desde el silencio de su alma Micaela le hablaba y él le reconocía su voz;   esa voz dulce que lo mecía en el sueño de la noche  y lo besaba en lo intangible de su cuerpo.   Antes que en sus entrañas, él se fecundo en su corazón y en cada latido él, ella a todo pulmón le soplaba vida.

Para todos, él era invisible, pero para ella no lo era.  Lo veía jugar con sus piernitas, mientras posaba esos hermosos ojos frente a los suyos.  Lo vestía con los  colores del día, arropaba su frio con los rayitos del sol, lo bañaba con su risa y tejía en cada noche una pijama de estrellas que bordaba con la luz de luna. 

Él le olía a capullos de azucena y jazmín.  En sus tardes amarillas dibujaba girasoles que colocaba en su cuna, permeaba su vientre con ternura mientras le susurraba en exclusiva una melodía. 

Un torpe día,  su vientre comenzó a llorar y ella no entendía que lo que pasaba.  Con su mano temblorosa lo abrazó tan fuerte como pudo, imploró plegarias al cielo, se aferró a todo lo que podía salvarlo, colocó pañitos de besos sobre su nido,  lo arrulló en un rosario, le hizo un nudo apretado con su fe. 

Pero él se fue  como agua entre sus dedos,  ella no pudo sostenerlo un instante más.  Voló con sus alitas heridas, destilando las caricias que le dio.

Ella hubiera dado su vida por verlo sonreír, por haberle deslizado sus manos por sus cabellos, por amarrar los cordones de sus zapatos, por aplaudir sus logros, por jugar a “la hormiguita buscando su casita”, por hacerle cosquillas, por contarle sus cuentos, por enseñarle a rezar, por mirarlo dormido, por besar su frente.

Le tocó decirle adiós a su Angelito sin haberlo tenido entre sus brazos, pero ella embalsamó sus recuerdos y los colocó en un lugar donde el dolor no los pisaría. 

Entonces ella, limpió sus lágrimas convencida que una mañana de primavera el Señor de los cielos soplaría el viento dormido entre las flores y una hermosa bendición disfrazada de brisa, se posaría  de nuevo en su vientre.

Diana Paola Martínez Berrocal
CARTAGENA
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2 comentarios:

LILIANA dijo...

ESTE CUENTO ES PRECIOSO. ME HIZO LLORAR, PORQUE EL AMOR MAS GRANDE ES EL DE UNA MADRE A SU HIJO. FELICITACIONES.

Berrocal Asesores dijo...

COMPARTO TU OPINION LILIANA. ES UN CUENTO HERMOSO, PORQUE YO TAMBIEN PERDI A UN BEBE QUE LLEVABA EN MI VIENTRE. LOS HE LEIDO TODOS Y SI DE CALIFICAR EL AMOR SE TRATA, ESTE ES EL MAS HERMOSO.