martes, 18 de noviembre de 2008

Pirámides, ¿banco de pobres?

Revolturas.

Por: Gloria H.
EL PAIS.

Noviembre 18 de 2008
Todo tiene que ver con todo. El rompecabezas está conformado por muchas piezas y cada una tiene su sentido. Es posible que los economistas ‘conozcan’ al pie de la letra todos los factores de la Banca, la bolsa y el sistema financiero. Son expertos en explicar el porqué de las situaciones monetarias, pero tal vez conocen muy poco del comportamiento humano. Y me parece injusto que se culpe a los ‘inversionistas’ de las pirámides por “ignorantes, ingenuos o ambiciosos”. Porque no sólo sucede en Colombia y no es resultado del ‘alma’ traqueta que para muchos anida en el fondo de cualquier compatriota. El dinero como valor prioritario de nuestra cultura, en gran parte del universo, motiva a esta clase de situaciones. Del que organiza y del que aporta. Hasta del que hace la cola en la fila porque esos también ‘vendían’ el puesto. El negocio del dinero rápido está en las entrañas de los seres humanos. ¿Alguna vez ha comprado lotería, baloto, rifas? Bueno, esas modalidades ‘legales’ también son un camino para el dinero rápido e instantáneo. ¿Cuál es la diferencia entre un inversionista de la bolsa y uno de las pirámides? Ambos juegan, ambos arriesgan, ambos ganan, ambos pierden. Ese es el ‘juego’ del dinero que inyecta cada circunstancia de la existencia moderna. La pirámide funciona igual que las hipotecas de los bancos gringos. Con base a especulaciones, uno se sostiene sobre otros. Las pirámides funcionan como una bicicleta de rodillos; usted no se cae mientras esté pedaleando. El problema está cuando deja de pedalear o cuando le meten un palo a la rueda de la bici. La pirámide es un pedaleo continuo, de muchos, por eso siempre hay dinero. El problema viene cuando alguien para o cuando... se producen intervenciones que pararon la rueda. Y llegó el colapso. Claro, hay pirámides de pirámides. Hubo estafadores y hubo gente de buena fe. Además algo que no se ha dicho con la suficiente claridad es que hubo mucha, pero mucha gente que ganó mucho dinero. Las pirámides funcionaron con la mejor propaganda de todas: el testimonio personal. Y nadie iba a permitir que un hermano, la mamá, el vecino, el amigo o la novia invirtieran dinero en un negocio ‘quebrado’. Los buenos resultados llevaron a que otros se entusiasmaran. Y todos pedaleaban. Sólo que… Las pirámides son o el banco o la bolsa de miles, cientos de personas, que leen, escuchan y observan por todo lado, el juego con el billete. Todos los días observamos el riesgo de las acciones. Hablando siempre de dinero y cómo conseguirlo rápido. Además, otra pieza del rompecabezas son los bancos y su enorme dificultad para prestar o para aprovecharse y exprimir hasta el último centavo. Como dijo alguien, usted consigna un millón de pesos hoy y mañana puede tener $980.000. La sensación frente a los bancos es que están por esquilmar, por sacar beneficio de cualquier transacción. Una pirámide sólo ofrece resultados y beneficios. Claro, con riesgos, todo los que quiera. Pero si los grandes apuestan ¿por qué no lo pueden hacer los otros? Es injusto calificar de ambiciosos o incautos a los que lo hacen porque eso es desconocer el comportamiento humano dentro de una sociedad que gira en torno al dinero. Todo tiene que ver con todo. Cuando esta cultura deje de considerar al dinero como valor prioritario, entonces podremos evitar estas situaciones… de lo contrario siempre habrá campo sembrado para el dinero rápido.

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